Este año han participado 11 relatos en total y aquí os dejamos los relatos ganadores y finalistas para que los disfrutéis.
DEL PREMIO PARA LOS CURSOS DE 1º A 3º ESO
GANADOR: LLUVIA DE ANDREA PALACIOS DE 3º ESO A
Lluvia. El día que comenzó todo llovía, como hoy. Como olvidarlo, ese día cometí mi primer asesinato a sangre fría y jamás olvidaré el placer que aquello provocó en mí, desde entonces me dedico a hacerme pasar por un historiador y camelar a mis supuestos clientes con un perfil cuidadosamente decorado en internet. La paciencia ha sido mi aliada todo este tiempo; asesinar es una satisfacción que requiere de sigilo, cálculo y por supuesto un buen factor sorpresa. He caído en una viciosa rutina que está consumiendo mi parte angelical y eso me gusta porque me da la energía que no había encontrado en ninguna otra área de mi vida. Pero eso no significa que a veces se me haga monótona. «Tal vez si tengo suerte, hoy sucede algo que se sale de lo cotidiano»—pienso, esperanzado. Justo en ese instante llamaron al timbre, anunciando la llegada de mi próximo cliente. Me asomo por la mirilla, la observo y al instante la reconozco: Sara Medina Gutiérrez. Lejos de entrar en pánico, la maldad se apodera de mí, por consiguiente, bajo al sótano de mi humilde morada —donde escondo todas las fotografías enmarcadas de mis víctimas— por un conjunto en concreto. Han pasado cinco años exactos de aquel accidente automovilístico que provoqué y su sonrisa continúa tan intacta y fría a la vez como el primer día, y pienso: «Ver tu retrato siempre trae nostalgia consigo, Elena» Vuelvo a subir, las coloco en su lugar estratégico y abro la puerta. Doy a parar con una situación tentadora —aún más lloviendo— al abrirla: Es pelirroja, su piel es tan blanca que el impulso de darle un toque personal es cada vez más intenso y sus ojos verdes acaparan ahora mi mente. El parecido que tiene con Elena despierta mi locura, sin embargo, consigo contenerme para que mi imprudencia no haga acto de presencia. Podría perder a un compañero del crimen si lo hiciera, a pesar de que él la ve como un objeto del que aprovecharse a su conveniencia. —Buenas tardes.—La saludo cordialmente— Puede esperar en el salón, enseguida la atiendo Ella asiente conforme y accede al interior. —De acuerdo, le espero—se limita a decir —Póngase cómoda—le digo, invitándola a sentarse. En su rostro se dibuja una sonrisa tímida de lo más patética. —Muy amable, gracias Abasí—me dice cerrando su paraguas y mirándome a los ojos.Salgo del salón sin mediar palabra. Dejo correr unos diez minutos con el propósito de ver su reacción a las fotografías, tras los minutos correspondientes vuelvo a entrar al salón sigilosamente; me acomodo en el sillón situado en una esquina. Sara de pie frente a la chimenea, analiza las imágenes con detenimiento buscando el punto de familiaridad que cree que hay en ellas. —¿Qué contempla, señorita?—le pregunto desde atrás fingiendo curiosidad —Sus fotografías me han llamado la atención—me responde, extrañada Ella se da la vuelta y el aura se vuelve una mezcla de sensaciones: melancolía, incomodidad y sobre todo extrañeza. «Esto sí que no me lo esperaba»—murmuro para mis adentros, siendo consciente del efecto que la situación está generando en mí. Camina hasta mí y me estudia de arriba a abajo de forma cautelosa. —¿Quién es esa mujer?, me resulta familiar—me pregunta con desconfianza, entrecerrando los ojos y observándome al mismo tiempo. —Una víctima—respondo sin dar explicaciones. “Las personas pueden cambiar nuestro destino”. No creía en la veracidad de esa afirmación hasta ese momento, cualquiera diría que estaba recibiendo a una clienta sin importancia, sin embargo, yo sabía que no era así, que al dejarla entrar había dos opciones: matarla o hacerle daño para que cuando se diera la oportunidad fuera más gustoso. Mas, la vida ya tenía escogido mi destino.
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FINALISTA: LOS DÍAS DE JASÓN DE EMMA GARCÍA DE 1º ESO E
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El día que empezó todo llovía como hoy…
Era una tarde de otoño, el sol se había escondido entre las nubes y la lluvia comenzó a caer.
Yo estaba en el hospital (como cualquier otro día). Estaba cansado después de un largo día; aunque lo único que hacía era estar en la cama, pedir ayuda para bajar de ella, llegar esforzadamente al baño y volver a la cama. Pero para mí todo eso costaba mucho.
Este es mi diario. La enfermera me ha dicho que escriba un poco cada día.
Me llamo Jasón, tengo 15 años. Y sí, soy griego, mi propio nombre lo dice. “Jasón” significa “curación”. Por eso, gracias a mi nombre sigo aquí. Porque,… ¿para qué vivir si padeces un dolor insoportable que seguramente no haya curación?, ¿para qué vivir si la gente que tienes a tu alrededor se ríe de ti en vez de apoyarte?, ¿para qué vivir si eres un niño huérfano y no tienes a nadie con quién compartir momentos?, ¿para qué vivir si en la casa de tus padres adoptivos te pegaban? Por eso, el hospital es mi escondite y mi nombre, mi salvación.
…
Hoy ha sido un día cansado, fatigoso y repetitivo. Siempre es: “Buenos días Jasón”, “Tómate esta pastilla Jasón”, “¿Quieres ir al baño Jasón?”, “Jasón, tenemos malas noticias”, “Jasón, ¿te sigue doliendo la cabeza?”, “¿Tienes hambre?”, “¿Por qué no te has comido eso?”… Todo eso, cansa.
Pienso todo esto tumbado en la cama, cuando de repente viene Galena, la enfermera.
-Hola Jasón, ¿te encuentras mejor?
-Bueno, como siempre- digo.
Galena lo apunta en su cuaderno y esquiva el tema para no ponerme triste. Ha leído mi historial y sabe que soy muy sensible.
-Jasón, ¿quieres que te cuente un cuento?- me pregunta.
-Sí, por favor- exclamo ilusionado. -A ver si así descanso un poco.
…
-Buenos días Jasón- me dice Galena con una gran sonrisa en la cara.- Tengo buenas noticias.
En ese momento esas palabras son…, son…, diferentes. “Buenas noticias”. Se me dibuja una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Por fín!- exclamó Galena casi llorando- Ya sabemos cuál es tu tratamiento.
-¿Qué significa eso?- pregunto.
-Tu tratamiento es la solución, es volver a vivir. Es respirar, ir al baño sin ayuda, es comer a través de la boca…
Empecé a viajar, a imaginarme siendo normal. Galena es una persona fabulosa. Las buenas noticias devuelven la vida y las malas se la quitan. Galena vive su trabajo.
Pero… todos sabemos que después de una buena noticia, surge una mala.
-La mala noticia, -dice Galena- ¿seguro que la quieres saber, Jasón?
-Sí, por favor. Necesito saber cómo poder vivir.- contesto sin muchas ganas.
-De acuerdo- suspira. –La probabilidad de que este tratamiento funcione es muy baja. Solo funciona con dos de cada seis niños.
En ese momento no lo pienso dos veces y digo:
-¿Cuándo empiezo con el tratamiento? Es mejor intentarlo. ¿Tú que preferirías? Morir o tener alguna posibilidad de sobrevivir.
En ese momento, Galena me mira y me contesta:
-Ni morir ni sobrevivir. Tan sólo vivir.
-Pero yo no tengo esa opción- suspiro.
…
Después de lo de ayer, no pude dormir. Tuve una pesadilla horrible que intenté olvidar.
Esta mañana, cuando el hospital se ha puesto en marcha, me he puesto a llorar en mi interior. Por lo que nadie se ha dado cuenta. Simplemente me he acostado en la cama con las piernas flexionadas, tumbado, mirando hacia la ventana y pensando en el infinito.
En aquel momento Galena entró a la habitación y me dijo ilusionada:
-Bueno, ¿preparado para empezar el tratamiento?
-Por supuesto- miento. En ese momento me apetecía descansar un rato.
-Perfecto, sígueme.
Me ha llevado hasta una sala y he pasado ahí toda la mañana. Galena dice que los resultados saldrán en unos días.
…
Ayer por la tarde tuve visitas de gente que no conocía, como Minerva. Minerva es italiana, vive en Roma. Su nombre traducido a mí idioma es Atenea, diosa de la sabiduría. Y sí, la verdad es que es muy sabia. Yo creo que Minerva será alguien importante en esta vida.
También conocí a Alejo. Es un anciano muy majo y sabe un montón de cosas.
…
Cada vez me canso más de escribir. Galena dice que es el tratamiento. Ya me han tratado, antes también. Pero es que antes se pensaban que tenía una enfermedad y ahora resulta que tengo otra. La de ahora es un cáncer. Tengo un tumor en la cabeza y otro en la tripa. Ya es muy difícil que sobreviva, pero lo tengo asumido.
…
Ya no me quedan muchos días. Pero parece que no soy el único. El hospital entero está enfermando, y no entiendo por qué. Nadie lo entiende. Ha venido una empresa a investigarlo y resulta que nadie del hospital, tanto médicos, como pacientes, mejora. En este hospital somos 108 pacientes y 43 médicos. Hay 16 pacientes y 3 médicos fallecidos a causa de esta enfermedad. Simplemente con un resfriado te puedes llegar a quedar en coma.
…
Esto es muy grave esta noche han fallecido dos pacientes más. Al parecer la empresa que vino se está rindiendo y algunos de ellos enferman. Cada vez estoy más cansado y me cuesta más moverme. No me queda mucho tiempo.
…
Hoy he decidido que voy a investigar lo que está sucediendo. Quizá vaya a ser lo último que haga, pero espero que merezca la pena.
Algunos más del hospital se han unido a mí y otros piensan que es ridículo, que eso lo tienen que resolver los médicos.
No para de vibrarme el móvil de mensajes de Alejo y Minerva. Están muy preocupados. No se puede entrar al hospital debido a la enfermedad. Por lo tanto no hay visitas.
…
Seguimos con la investigación, no hay respuestas, tan sólo preguntas. Hace una hora me enteré de que Galena había fallecido, estoy destrozado, no tengo ganas de hacer nada. El hospital está en completo silencio, nadie tiene ganas de hablar. Por mucho silencio que haya, la tensión recorre todos los cuerpos del hospital, hasta el más inhóspito rincón.
…
Al cabo de siete semanas, ha estado disminuyendo el 78% el número de fallecidos ¡tenemos respuestas! Ya sabemos que han sido unas ratas asquerosas. Algo parecido a la peste negra del siglo XIV. Yo por suerte estaba vacunado, por lo tanto, yo ya estoy mejor. Y mis amigos del hospital también. Con lo de Galena siento un vacío en mi interior. Alejo, el abuelo de Minerva tiene la GRIPE A. Está muy malo, pero dice que no quiere ver a un matasanos. Como no confía en ellos, yo le receto los medicamentos, con ayuda de los médicos. Aunque me ha dicho Minerva que se le suele olvidar.
…
Hoy me he ido del hospital, como ya estaba mejor me han dado el alta. Voy al campo a vivir con Minerva y con Alejo, así le ayudo con la medicación. Me voy al campo, pero de vez en cuando iré al hospital a saludar a algunos médicos y pacientes y a ver su evolución. Aunque también tendré que ir por mis enfermedades. Gracias al hospital y a Galena mi vida ha cambiado. Les debo la vida.
DE LOS CURSOS 4º ESO, BACHILLERATO Y FP
GANADOR: RELATO DE UN VIAJERO POR ARACATACA DE MIGUEL ÁNGEL PINILLA
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El día que empezó todo llovía como hoy, aunque aquello no era novedad ya que todos mis viajes por el Caribe coincidían con los lluviosos agostos de la región.Yendo dirección norte a través de la ruta del sol, se hace un magnífico recorrido a lo largo de varios pueblos remotos del Magdalena, primero se pasa por Fundación, más adelante por Ciénaga y Tucurinca, y finalmente junto al río que desemboca en el mar, la ruta muere en la abrazada por el Caribe Santa Marta. A lo largo de este viaje, entre Fundación y Ciénaga, se encuentra un pueblo de renombre místico y mi destino este año: Aracataca. Hablar de Aracataca es enfrentar una cruda realidad del país, el olvido, aunque esto es algo de lo que me iría percatando conforme avanzaba mi corta semana de viaje. La entrada al pueblo está tan escondida que da la idea de que fue hecha para que nadie la encuentre nunca; un vago desvío junto al Troncal del Magdalena sin siquiera señalización, cuatro o cinco casas a medio construir y paredes repletas de propaganda bipartidista (aún a más de sesenta años de las guerras civiles). Dentro del pueblo, entre el polvo, la lluvia y las hojas que decoran las calles, se puede ver como los locales andan por la acera como si estuvieran en cualquier parte del mundo, vistiendo ropas claras y ligeras para sobrellevar la humedad, ignorando por completo la supuesta magia del sitio que recorren, la cual en su lugar ha sido reemplazada por vías sin pavimentar y suelos repletos de mangos caídos del palo. Caminando cerca del hotel, a no más de dos cuadras escuché decir a una señora sentada en su terraza: -Gracias a Dios volvió el agua. Ella era bellamente morena, con el pelo plateado de los años, los ojos como esmeraldas mal pulidas a causa de las cataratas y una bata que le servía de pijama. Resultaba de lo más confuso pensar que a tan poca distancia se podía retratar tal desigualdad, del abanico al aire acondicionado, del cielo raso al techo de lámina y del vivir al sobrevivir. Aunque claro está que esta postura es propia de quienes no han “sufrido” nada de esto, no hace falta una larguísima conversación con un local para sorprenderse de lo agradecido que se puede ser de tan poco. El miércoles a unos metros de la plaza principal encontré en bronce el rostro de quien dio a conocer al mundo este pueblo perdido de la Ciénaga Grande, y a su alrededor, unos cuantosmototaxistas que brindaban más atención a la cerveza Águila para la sed que al hombre de bigote que los cubría del sol. Poco más hay en el pueblo relacionado con el héroe local; la casa museo en que fueron ideados todos los miembros de la familia Buendía; la casa del telegrafista, de la que salieron hacia el Cesar incontables cartas del enamorado Florentino; un mural con alguna frase perdida del de bigote; la tumba de Melquíades (sin duda el detalle más mágico del sitio); y las vías del tren por las que en algún pasado ficticio pasaron vagones repletos de lo que quedó de aquellos manifestantes revoltosos cuyo paradero final era el mar. Visitar Aracataca fue, entonces, una experiencia más bien entristecedora. Nada más llegar el lunes, en la recepción del hotel dos hombres de traje y pinta de no ser cataqueros dialogaban sobre cómo habían conseguido 70 votos para su candidato al senado la semana anterior, ¿su secreto? La repartición de anchetas o bonos de cincuenta mil pesos para hacer el mercado. El martes, jueves y viernes, sin falta hubo en la plaza fuertes discusiones políticas entre partidarios de distintos partidos políticos, los argumentos de ambos bandos siempre giraban en torno a quienes habían hecho más o menos torcidas, y el sábado, la llovizna usual se convirtió en tormenta y los arroyos hicieron lo que querían con las calles. Había quienes aprovechaban y descargaban la basura de sus casas en la fuerte corriente, y entonces surge la pregunta, ¿quién tiene la culpa de su falta de cultura? Si la obra de García Márquez buscaba gritar al oído del lector las crueldades sociales cometidas en la Colombia jóven del siglo XX (y por extensión, las de América Latina), visitar su pueblo natal se convierte en un aterrador viaje en el tiempo. Aracataca es solo uno más de los muchísimos pueblos caribeños que el Estado ha decidido ignorar, al cual ni siquiera su fama de mágico logró salvar del olvido, e incluso ha envejecido peor que algunos otros sin renombre alguno. Todos los sucesos mágicos, las mariposas amarillas, las lluvias que no cesan, las flores que caen de la nada absoluta y los ángeles que suben al cielo quedan limitados a páginas de un libro y mueren entre calles descuidadas, casas con techo de zinc, suelos infernales, monumentos mal hechos y la evidente desigualdad que padece el pueblo. Aportando, como cosa rara, a que el turista que visita Colombia se lleve una imagen errónea (¿errónea?) del país.
Dejé Aracataca el domingo por la noche. El día que acabó todo seguía lloviendo, y mi percepción del país se entristecía aún más. La vida en Aracataca refleja una realidad perversa, y pinta en sangre el lienzo de las desgracias del país, como siempre y desde tiempos inmemorables, de la autoría de unos pocos que se han creído dueños de un hermoso algo que no les corresponde.
FINALISTA: MARCOS DE ELIA NOGAL DE 1º DE BACHILLERATO A
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El día que empezó todo llovía como hoy, recuerdo como las gotas de agua caían sobre la ventana de mi tren, miré por la ventana y suspiré. Noté la vibración del teléfono en mi bolsillo y al sacarlo me percaté de que era mi madre, llegaba tarde a casa, ni siquiera me había dado cuenta, cogí la llamada y traté de explicarle que tenía que acompañarte a casa aquella noche porque era de buena educación llevar a tu chica a casa, que ya era de noche y me daba palo dejarte sola por aquellas calles, después de discutir por un par de minutos me dijo que no me entretuviese y colgó. No me importaba que cuando llegara a casa ella me fuera a regañar, no después de pasar toda la tarde contigo. Estabas tan guapa aquel día. Bajé del tren mientras me ponía la capucha, volví a sentir la vibración del teléfono, y al sacarlo vi que me llamaba Marcos, él era mi mejor amigo, nos conocíamos desde que entramos en el colegio. Le dí al botón verde, en un gesto inocente sin conocer donde me estaba metiendo.
Hola Marcos tío, ¿qué pasa?- escuché un llanto al otro lado del teléfono, reconocí la voz, era él – ¿Marcos?
Tío, tío, necesito que vengas al callejón ahora mismo- el callejón era el sitio donde Marcos y yo quedabamos normalmente porque no solía pasar nadie y podíamos hacer lo que queríamos, estaba cerca de la estación de trenes y me pillaba de camino a casa, así que me podía pasar- necesito que vengas. -¿Estás bien? Son casi las doce y media, tengo que estar en casa ya- un sollozo que venía del otro lado del teléfono fue suficiente para convencerme, ya me inventaría algo que decirle a mi madre.- Voy Marcos. Colgué y salí corriendo, la lluvia ya me había calado la capucha por completo, y me la quité, me molestaba al correr y ya no servía para mucho. Llegué al callejón y vi a Marcos en el medio, estaba encogido en el suelo, abrazándose las piernas, al percatarse de mi llegada se levantó y salió corriendo hacia mi y me abrazó. -¿Qué te pasa chaval?- Le separé del abrazo y le limpié las lágrimas como pude. Ahora que lo pienso esa es la única vez en toda mi vida que he visto llorar a Marcos. -Me ha dejado -En aquel momento no sé lo que me esperaba, pero no era eso, Marcos llevaba con Silvia toda la vida, tenían sus idas y venidas pero jamás lo habían dejado definitivamente. Me di cuenta que Marcos olía a alcohol, seguramente se había pasado la tarde bebiendo solo fingiendo que no le dolía.- Lo hemos dejado de verdad, de verdad de la buena. -Marcos tranquilo, no pasa nada, vamos a casa- intenté calmar a mi amigo, pero él solo me miró mientras lloraba. -No vamos a casa, ¿tienes un cigarro? Dime que tienes un cigarro. -Marcos, vamos- le intenté sujetar, pero me empujó y tropecé con el bordillo de la acera. Caí al suelo, sobre un charco y me cabreé-¿Qué te pasa? -No vamos a casa- nos quedamos mirándonos en silencio durante un minuto hasta que se tiró al suelo mientras lloraba desconsoladamente- no vamos a casa, no. -¿Y qué propones Marcos? Yo no voy a estar tirado aquí hasta que se te pase el pedo, me piro tío, o vienes o te quedas. -Vámonos a “La Encina”- La Encina era otro de los lugares que solíamos frecuentar, allí solía haber fiestas clandestinas de vez en cuando, a mi no me terminaban de convencer ese tipo de cosas, normalmente íbamos cuando Marcos estaba peleado con Silvia.-Marcos, es tarde, me ha llamado mi madre y -Vamos a La Encina, por favor- me interrumpió mientras se limpiaba las lágrimas y se levantaba del suelo. Me levanté con él, y cuando iba a comenzar a persuadirle de que aquella no era una buena idea comenzó a caminar, le seguí, podría haberle gritado, haberme ido a mi casa o haber avisado a mi madre, pero no, le seguí en silencio y tras caminar durante media hora, llegamos. Cuando llueve a mares y es de noche no te esperas que un lugar al aire libre se llene, sin embargo aquel día en La Encina había gente, mucha más gente de la que yo había llegado a ver en aquel sitio, había luces y música por todas partes. Al llegar Marcos comenzó a hablar con la gente que había, a mitad de camino ya paró de llorar y ahora estaba haciendo como si nada con un par de chicas que se había encontrado. Marcos es ese tipo de persona que se traga las lágrimas, recuerdo que desde pequeños cuando me caía ya me soltaba la frasecita esa de “Los hombres de verdad no lloran”, supongo que es lo que le habían enseñado sus padres. El móvil empezó a vibrar de nuevo, pero no lo saqué, suponía que era mi madre, y si le respondía en ese momento con la música tampoco podría llegar a escuchar nada. Sin embargo esto fue suficiente distracción para perder a Marcos y a sus amigas. Me recorrí el lugar, me estaba empezando a incomodar el ambiente, recuerdo que me dije a mi mismo que cuando encontrara a mi amigo le arrastraría a casa. Entonces sucedió, llevaba quince minutos buscando cuando ví como dos chavales de mi edad comenzaron a pelearse. Tuve el error de acercarme en aquel momento, pensando que mi amigo también estaría viendo la pelea, pero poco antes de que pudiera darme cuenta uno de los chavales en la pelea sacó una navaja. Ese momento quedó grabado en mi memoria hasta el día de hoy. Quedó grabado porque me dí cuenta de que el adversario era Marcos. Hoy se cumplen 2 años de la muerte de mi mejor amigo en una pelea callejera el día que le dejó su novia de toda la vida, dos años de una muerte que no pude evitar y sólo me limité a observar como si el chaval al que acaban de clavar una navaja repetidas veces no era mi compañero de mesa en clase, mi pareja en los trabajos y mi plan de los domingos. La muerte de Marcos me hizo distanciarme de todo, de tí, de mis estudios, de mi familia y no hay día que no piense en cómo pude evitarlo todo.
Como cada curso ya estamos realizando nuestro club de lectura que este año. Son dos y bastante numerosos.
Hemos leído de momento con el alumnado de 1º a 3º ESO El Hobbit de Tolkien y Momo de Michael Ende y con los más mayores Un viejo que leía novelas de amor de L. Sepúlveda, Bajarse al moro de Luis A de Santos y El pianista en el gueto de Varsovia de Wladislaw Szpilman.
Estamos muy contentos de la participación y de la implicación del alumnado este curso puesto que somos conscientes de que cada vez es más difícil encontrar ratos para la lectura pausada.
También hemos empezado nuestras lecturas dialógicas en 1º de bachillerato con la lectura de La Celestina.
Y en 2º de bachillerato con algunos relatos de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero de Oliver Sacks.
También se ha realizado el club del cómic de este trimestre con las lectura de Doctor Extraño: el juramento.
El final de curso se acerca y con él el de nuestras tertulias dialógicas.
Este curso hemos leído en 4º y bachillerato algunos artículos y libros interesantes.
En Valores éticos4º ESO hemos leído artículos sobre ciberacoso, adicción a las nuevas tecnologías, los peligros del sexting y también el libro que han leído en Lengua Requiem por un campesino español.
En Filosofía de 4º ESO hemos leído el comic La muerte de Sócrates, La metamorfosis de Kafka, el Mito de la caverna y el libro de Eduardo Infante Filosofía en la calle.
En Filosofía de bachillerato hemos leído la Celestina, El hombre en busca de sentido de Victor Frankl, Madre tierra, hermano hombre de Máximo Sandín y Filosofía en la calle de Eduardo Infante además de diversos textos de filósofos como Rousseau, Hume, Descartes o Hobbes.
Además de mejorar la comprensión lectora las lecturas dialógicas favorecen el diálogo, la capacidad critica, la expresión oral y mejorar la convivencia en el aula. El alumando ha realizado muchas y variadas reflexiones acerca de mucho temas vinculando los textos a su vida y al mundo actual.
Algunas de sus reflexiones
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Como siempre han participado familiares que han aportado su visión y perspectiva a nuestros diálogos.Gracias a todas por participar.
Volvemos a recuperar nuestras tertulias sin mascarilla, con personas voluntarias y en nuestra querida biblioteca.En 4º ESO en Valores éticos, estamos leyendo artículos relacionados con las nuevas tecnologías analizando y debatiendo diversos temas: ciberacoso, sexting, adicciones…También en 4º pero en la materia de Filosofía hemos leído un comic basado en la Apología de Sócrates que nos ha permitido acercarnos a este pensador a la vez que hemos reflexioando sobre la muerte, el alma, la democracia, la justicia o en sentido de la vida.
En 1º de bachillerato en Filosofía hemos leído junto al departamento de Lengua La Celestina y hemos tenido unas tertulias maravillosas en las que hemos reflexionado y debatido sobre temas universales como el amor, el deseo, la desigualdad social, la pobreza, la situación de las mujeres, la codicia, la envidia… Todos esos temas que a pesar de estar presentes en una obra escrita hace siglos, llegan a nuestro presente cargados de preguntas e ideas de plena actualidad, porque son en definitiva temas humanos.
Esperamos realizar muchas tertulias más.
Muchas gracias a nuestro alumnado por sus aportaciones.
Este curso recuperamos nuestra querida biblioteca para realizar nuestro club de lectura viéndonos de nuevo las caras sin mascarillas.
El club de los más pequeños de la ESO ha tenido mucho éxito. Este mes hemos leído el libro de María Gripe Los escarabajos vuelan al atardecer. Un clásico de la literatura juvenil En general les ha gustado el misterio e intriga que caracterizan al libro y también sus personajes tan llenos de matices para tratarse de un libro de literatura juvenil. Hemos charlado sobre ello y también sobre los temas del libro como la manipulación, los rumores, la mujer en el siglo XVIII, etc
En el club de los mayores hemos leído el libro de Eduardo Mendoza Sin noticias de Gurb. En este caso hemos tenido diversidad de opiniones aunque todos admitimos que nos ha hecho reír. También nos ha hecho reflexionar sobre cómo vemos a los diferentes o sobre esas costumbres humanas que vistas por un extraterrestre parecen algo absurdas.
Estamos encantados de tener tantos participantes y esperamos disfrutar mucho de las lecturas de este año.